Guillermo Salinas Cossio: Programa analítico de Historia del Arte (1930)

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Guillermo Salinas Cossio, historiador del arte*

Luis Sihuacollo
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
luis.sihuacollo@gmail.com

 


Guillermo Salinas Cossío. Archivo fotográfico familiar.

De acuerdo con el certificado de nacimiento que custodia la familia, Guillermo Salinas Cossío nació el 16 de noviembre de 1882 en la rue des Mathurins, en París. Su padre, Sebastián Salinas Ondarza (1839-1904), quien era un próspero hacendado que se dedicó al cultivo de la caña en los fundos de Humaya y Huacán en la provincia de Huaura, contrajo matrimonio en noviembre de 1880 con Julia Cossío Ygarza (1861-1935), esto es, dos meses antes de la ocupación de Lima por el ejército chileno, razón por la cual la pareja decidió abandonar el Perú e instalarse en la capital francesa. Allí nacieron tres de sus cuatro hijos: María Luisa, Guillermo y Julio. El último, llamado Luis Sebastián, nació en Lima, pues la familia retornó al Perú en 1890.

Luego de la guerra, el país había quedado totalmente devastado y en bancarrota. En medio de aquel período de reconstrucción, Guillermo Salinas Cossío siguió sus estudios primarios y secundarios en el Instituto de Lima, cuyo director era el Dr. Leicher. Años más tarde ingresó a la Universidad de San Marcos, donde conoció y entabló amistad con José de la Riva-Agüero, Víctor Andrés Belaunde, José Gálvez y Ventura García Calderón. Hacia 1903 culminó los estudios universitarios, se recibió como abogado y desempeñó el cargo de segundo secretario de la Legación del Perú en Washington, con cuya credencial pudo asistir al matrimonio del Rey de España, Alfonso XIII, con Victoria Eugenia de Battenberg, en mayo de 1906. Por aquella época se le condecoró con la cruz de caballero de la Orden de Isabel la Católica. Posteriormente, ocupó el puesto de segundo secretario en la Embajada Especial del Perú en Madrid, y al cabo de cuatro años regresó a Lima para obtener el grado de doctor en Letras (1912) y en Jurisprudencia (1913). Durante su estadía europea “se dedicó a estudios de arte musical y de crítica pictórica” (AA.VV., 1922, p. 24), además de visitar museos, asistir a conciertos y conseguir bibliografía especializada en arte.

En 1919, su reconocida competencia en cuestiones de arte le supuso una cátedra en la recién fundada Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), cuya dirección le fue encargada al pintor académico Daniel Hernández, quien luego de una larga temporada en Europa había retornado al Perú para presidir dicha institución. Hubo entre ambos una genuina amistad. Incluso Hernández ejecutó un delicado retrato al óleo de Julia Cossío, su madre, y otro de Margarita López-Aliaga, con quien Salinas Cossío contrajo nupcias y tuvo cinco hijos.

Mientras tanto, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de San Marcos se dictaba, desde 1901, el curso Estética e Historia del Arte. De acuerdo a la Breve noticia de la fundación y transformaciones de la Facultad de Filosofía y Letras, en 1918 la cátedra era ejercida por el Dr. Alejandro Deustua, quien tenía formación filosófica, lo cual nos permite deducir que la historia del arte, como contenido disciplinar, no poseía un valor propio e independiente en el curso. En 1922, el curso se dividió en Estética y en Historia del Arte, y todo parece indicar que Salinas Cossío estuvo a cargo de este último curso.

En 1930, Guillermo Salinas Cossío publicó su Programa analítico de Historia del Arte, bajo el sello de la Casa Editora “La Opinión Nacional”. Podemos afirmar que se trata de una diligente guía de estudio para los jóvenes que se acercan al estudio del arte occidental. Está compuesto de veinte capítulos que ofrecen una lista bibliográfica donde transitan autores tan variados como Worringer, Romain Rolland, Spengler, Elie Faure, Woermann, Pijoan, Springer Ricci, Ducatti, André Michel, Wölfflin, Hourticq, Meyer, Hartmann, Ortega y Gasset, entre otros.

El contenido responde perfectamente a lo que ofrece el título: un voluminoso sumario de estudio, probablemente preparado durante sus años como profesor del curso de Historia del Arte en la Universidad de San Marcos. No obstante, cada capítulo no se agota en la simple exposición imparcial de autores o teorías, sino que hay un comentario crítico que sustenta sus juicios, como cuando se refirió a la división de la historia del arte que propuso Spengler, en función a los grandes periodos de la historia, “prescindiendo de las artes orientales y americanas”. Esto no debe pasar desapercibido, pues cuestiona la visión eurocéntrica del mundo que olvida la producción espiritual de los pueblos que no comparten los mismos prejuicios o estándares de la cultura moderna. Por esa razón, al hablar de la “ciencia Prehistórica”, Salinas Cossío propuso “hacerla extensiva a las culturas no occidentales, sin encerrarla dentro de los marcos de la sola prehistoria europea”. Y llegó todavía más lejos, pues objetó la idea del progreso lineal de las artes e indicó los peligros de estudiar las culturas prehistóricas como etapas de un proceso evolutivo único, sin asumirlas como horizontes ya realizados.

En cuanto al arte Bárbaro, condenó la injusta interpretación que los historiadores han realizado de este período, negándole originalidad a su producción artística y manifestó que “si bien no aporta una forma nueva, aporta un espíritu nuevo y motivos decorativos que encierran el germen del sentimiento que más tarde infundirá el arte Bárbaro-Románico, y por fin, el arte Gótico”. En relación al Renacimiento, problematizó esta denominación lingüística por el contenido epistemológico que implicaba, ya que “supone la existencia de un ideal único, imperfectible y absoluto, que fue realizado por la mentalidad griega y que sirve de piedra de toque para marcar la decadencia o resurrección de otras culturas”. Debe subrayarse esta anotación del autor, pues cuestiona críticamente aquel modo de unilateral de entender la historia del arte como la legitimación de una sola cultura o grupo social.

Es inevitable advertir en el libro un número elevado de formales descuidos. Las razones las explicó el mismo autor a José de la Riva-Agüero en una carta fechada el 13 de junio de 1930 y que remitió desde Madrid: “Acabo de publicar mi Programa analítico de Historia del Arte (…) Me lo han publicado lleno de errores y contrasentidos, que he tratado de enmendar en parte. Las primeras sesenta páginas han sido deplorablemente cortadas, sin esperar mi corrección. Una afección a la vista, de la que felizmente me he repuesto ya, me impidió vigilar, debidamente, esta publicación”.

Hacia 1936, Guillermo Salinas Cossío fue designado profesor principal en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos. Sin duda alguna, desempeñó el cargo con originalidad y limpieza, hasta que un accidente de automóvil motivó su internamiento en un hospital limeño y los médicos, luego de una serie de exámenes, determinaron que se trataba de un cáncer que finalmente cegó su vida el 6 de mayo de 1941.

*Agradecemos a Gustavo Salinas por las fotografías. También a Roberto Arroyo, por su generosa colaboración en la digitalización del material bibliográfico.

Programa analítico de Historia del Arte (1930)

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